sábado, 6 de noviembre de 2010

Los cerrojos de la ventana

Mirando por su ventana,
ella lo ve todo:
los días,
los años,
las personas.

Su ventana
está cerrada.
Pero abrirla,
no cuesta nada.

Sólo hay
una forma
de hacerlo.
Es sencillo...
Lo difícil
es encontrar
a quien lo haga.

Se abre
desde afuera.
Ella no puede
desde el lugar
en el que está.
No sabe dónde es,
lo único seguro
es que está sola.

Busca a alguien,
nadie la ve.
Quien la ve,
no cree que necesite ayuda.
El que lo sabe,
lo disimula.
Otra persona
la ayudará,
eso creen.
¿Si no sucede?
Toda la eternidad
podría pasar
y ella
seguiría encerrada.

Aunque grite,
el transparente cristal
no deja pasar al sonido
de su frágil voz.
Pocos logran oirla,
luego desaparecen.

Día y noche
observa al mundo.
Logra dormir,
vencida por el cansancio,
cuando la Luna está
en su punto más alto.
Su amiga,
que siempre
la protege.

Despierta con el Sol
y queda a su cargo.
Se turnan con la Luna
para ayudarla.
Y ella,
sigue esperando...

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